Brassaï, o “el ojo de París”

La experiencia artística de un fotógrafo como Brassaï está indisolublemente ligada al más grande amor que tuvo en la vida: París.

La ciudad en la cual eligió vivir es la absoluta protagonista de sus fotos más celebres, convirtiendose en el “fíl rouge” de su entera carrera.

La actual imagen de la capital francesa no sería la que conocemos, si no hubiese llegado a nosotros a través del objetivo enamorado de Brassaï.

Ciertamente París es conocida por todos nosotros como una ciudad en la cual el arte y la mundanidad están entrelazados en un único carácter que hace de la metrópoli francesa un lugar único, de carácter irresistible.

Pero hay un lado dark y melancólico de la ciudad que sin Brassaï probablemente no sería tan celebrado, como en cambio lo ha sido en todo el siglo veinte. Este mood es el ojo surrealista de París: la ciudad de los intelectuales, de los restaurantes nocturnos, del Sena con niebla.

Brassaï auotretrato

La experiencia de Brassaï se coloca más allá de su gran amor por París, porque debe verse como entre los primeros testimonios de la que actualmente todos llaman “street photography”

Entender su arte quiere decir comprender entonces, en general, el enfoque de un ojo “enamorado” de lo que está detrás del objetivo cuando no se trata de retrato o de paisajes naturales.

Brassaï está entre los primeros fotógrafos que “roban” situaciones contextualizadas en un escenario metropolitano y que las elevan a poesía, a descripción literaria de una ciudad y de sus habitantes, sin interpretaciones univocas y precisas. Precisamente porque, según Brassaï, la “fotografía debe sugerir, no insistir o explicar”.

Brassaï: de Transilvania a París

Gyula Halás nace en Brasov –en ese tiempo en Hungría, ahora ciudad rumana- el 9 de septiembre de 1899. Su seudónimo deriva precisamente del nombre de la ciudad de Transilvania que pasó a Rumania después de la primera guerra.

La familia de Brassaï se mudó a la capital francesa, para continuar la profesión del padre que enseñaba literatura francesa en la Sorbona.

Regresó a su patria aún niño, eligió algunos años después inscribirse en la Academia de Bellas Artes de Budapest, para después transcurrir toda la primera guerra mundial en la caballería del ejército austro-húngaro.

Terminada la gran guerra, se mudó a Berlín donde inició a trabajar como periodista mientras terminaba sus estudios interrumpidos en la Academia de Berlín-Charlottenburg. Sus intereses artísticos fueron primariamente la escultura y la pintura.

El retorno definitivo a París sucede en 1924. Con la ciudad fue amor a primera vista y pasar a la fotografía fue casi una necesidad para Brassaï que reconoció en la calle de Lumiére su lugar de elección.

La mudanza definitiva a París

En París, la inmersión en el clima y en la cultura de la ciudad que lo acogió fue total: Brassaï aprendió francés gracias a las lecturas de dos autores que habrían dejado una marca indeleble en la literatura mundial: Marcel Proust y Jacques Prévert, dos “maestros” excepcionales.

Con Prévert estrechó muy pronto amistad, así como con el poeta León-Paul Fargue y el escritor norteamericano Henry Miller, que de Brassaï dijo:

“Cuando lo conoces, ves inmediatamente que está dotado de ojos fuera de lo normal. Y la claridad de su visión y la profundidad de su intuición se revelan en la exploración fotográfica de París: sus personas, sus lugares y sus cosas”.

En su concisión, las palabras del gran escritor americano dan en el blanco definiendo la fotografía de Brassaï que, una vez acoplado a la capital francesa, comenzó a frecuentar el barrio culturalmente más efervescente del París de los años Veinte, Montparnasse.

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Dos prostitutas, Boulevard Montparnasse (1931)- La modernidad de esta fotografía es aún tal a casi un siglo de su realización.

Brassaï se sintió atraído por los ambientes más oscuros y de mala fama de la metrópoli francesa, e inmortalizó París en cada uno de sus aspectos, desde los barrios obreros a sus grandes monumentos símbolo.

Fue su profesión de reportero a llevarlo por la ciudad en plena noche, y a hacer que la mayor parte de sus fotografías fuesen nocturnas. Era el París que conoció primero, ese del que se enamoró casi “victima” de un rayo fulminante.

Inicialmente, la fotografía era una especie de integración a sus piezas periodísticas, un truco para obtener más dinero de sus artículos. Con el pasar del tiempo, y con los consejos de su colega húngaro André Kertész, se sintió más atraído y comprometido con la fotografía.

Y fue en esta primera fase de su vida en París que cambió su nombre, pasando del anagráfico Gyula Halász al más autobiográfico Brassaï, en homenaje a su proveniencia.

Brassaï: la afirmación como fotógrafo

El primer paso hacia la afirmación como artista de la cámara ocurre en 1933 con una colección titulada Paris de nuit. El libro tiene un éxito inmediato, y su amigo Henry Miller acuña la que será siempre la frase identificativa de Brassaï: “el ojo de París”.

Dos años después, repitiendo el éxito de la primera colección, es publicada Voluptés de Paris (Pleasures of Paris)

brassai montparnasse

Les escaliers de Montmartre (1936)- Las escaleras de Montmartre representan el ápice de notoriedad de Brassaï. El sujeto está presente en diferentes fotografías del fotógrafo húngaro que a través de los años inmortalizó diversos particulares del barrio parisino. Esta fotografía de 1936, sin embrago, permanece probablemente la más célebre y reproducida toma de su carrera.

A hacer todavía más grande su nombre, son los retratos del gotha cultural del período: Pablo Picasso, Alberto Giacometti, Salvador Dalí, Henri Matisse, Jean Genet y Henry Michaux… Todos los grandes artistas de la época se encuentran su lente.

Entre sus amigos hay nombres como Kandinsky y Kokoschka.

París en los años Treinta era un vaivén de personalidades de todo el mundo. El círculo de los artistas húngaros era siempre más numeroso y, entre otros, llegó también un cierto Ervin Marton que fue acogido por Brassaï para después iniciar una gran carrera de fotógrafo “street” entre la década sucesiva y los años Cincuenta.

Entre las colaboraciones del periodo, son recordadas esa con la revista surrealista Minotaure y la más comercial colaboración con la revista americana de moda Harper´s Bazaar.

Cuando el ejército alemán ocupó París en 1940, dejó la ciudad para llegar a la Riviera Francesa, en el sur del país. Durante la ocupación nazi, la fotografía por las calles no era consentida: esta prohibición lo llevó a retomar el dibujo y la escultura, las artes que había desarrollado durante la Academia. En este período, de artista poliédrico que era, escribió también diversas poesías.

brassai mome bijouLa Mome Bijou (1932)- En 1976 salé el escandaloso (para los años Treinta) “The Secret Paris of the 30´s”. La colección incluye imágenes consideradas excesivamente libertinas durante los años en los cuales fueron tomadas.

Terminada la guerra regresa a la fotografía y en 1946 publica una colección de dibujos (Trente Dessins), enriquecida por una poesía de Jaque Prévert. Dos años después se casa con Gilberte Boyer: es también la oportunidad para pedir la nacionalidad francesa, que todavía no había adquirido.

En los años Cincuenta se cimenta también detrás de la cámara de video: su Tant qu´il y aura des betes ganó en Cannes el Gran Premio especial del jurado, como película más original del festival.

En 1968, el Museum of Modern Art de New York le dedica una importante retrospectiva.

En los años Setenta, el gran fotógrafo es galardonado con el titulo de Caballero de las artes y de las letras en (1974) y de Caballero de la Legión de honor (1976). En 1976 gana el Premio internacional de fotografía en París.

Entre sus libros, son recordados la novela Historie de Marie (1948), Conversations avec Picasso (1964) y el grande homenaje a su amigo americano: Henry Miller, grandeur nature (1975).

Brassaï muere en 1984 en Éze, una pequeña comunidad de la Costa Azul, para ser sepultado en el cementerio de Montparnasse, en su París.

Entre las diversas muestras dedicadas al fotógrafo, se recuerda la grande conmemoración del Centre Pompidou de París, ocurrida en el 2000 en colaboración con Gilberte Boyer, la viuda de Brassaï.

El estilo de Brassaï

No sólo París, sino sobre todo París. Hablar de su estilo fotográfico sin hacer constantes referencias a la capital francesa es prácticamente imposible. Serían menos los ejemplos sobre los cuales hablar, los contenidos (y la forma) sobre los cuales argumentar.

Una muestra ocurrida hace dos años en el palazzo ducale de Génova estaba titulada Brassaï pour l´amour de Paris, centraba perfectamente la cuestión desde el título: la relación que hay entre el ojo del fotógrafo Brassaï y lo que está detrás del objetivo es Amor con mayúsculas sin medias tintas.

Y luego está la noche, otra gran protagonista, junto a París, de sus fotografías. Las fotografías nocturnas, o brumosas o bajo la lluvia, prevalecen en el fascinante portafolio del fotógrafo húngaro.

Brassaï amaba el mood gótico, espectral, de su ciudad de noche: y es sobre todo esta tensión hacia las sombras siniestras, siluetas que se destacan en la penumbra, arquitectura y personas inmersas en las tinieblas, a haber hecho que su nombre haya sido a menudo puesto en la vanguardia del Surrealismo.

Un surrealismo, impropio evidentemente. O mejor aún, un surrealismo personalísimo directa consecuencia de una visión subjetiva de una ciudad. El estilo de su fotografía tiene algo de mágico. Es una realidad deformada por las luces de las lámparas parisinas, deformada por la iluminación artificial. La niebla interviene a menudo a hacer todo más raro, como en una visión de sueño, a menudo a un paso de la pesadilla.

Sí porque en Brassaï es fuerte el gusto por el misterio, por una elección de luces (y de oscuros) que coloca a sus sujetos en una dimensión izquierda. Y en este sentido si… es más que oportuno hablar de surrealismo.

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Hablando de sujetos predominantes en su fotografía, además de los numerosos retratos de los artistas inmortalizados, podemos decir que los elementos arquitectónicos son los prevalentes. Ya sean puentes elevados o Tour Eiffel, ellos son los primeros protagonistas de sus fotografías. Pero hay también espacio para el género humano: criaturas lunares, o realísticamente en espera de alguien sobre grandes Boulevard de la capital, se besan en los bistrot, coquetean en las bancas, corren sobre el pavimento de una calle parisina bajo una luna espectral. Las prostitutas, en fin, tienen un papel privilegiado en su fotografía, siendo personajes nocturnos por antonomasia…

La herencia de Brassaï

Si Henri Cartier-Bresson fue definido el “ojo del siglo” por ser pionero en la fotografía periodística –en la cual París era a menudo protagonista- la definición de Brassaï como “ojo de París” es igualmente apropiada.

Es verdad, después de él la capital francesa habría sido la protagonista de sublimes fotos del mismo Cartier-Bresson, pero también después de la guerra de grandes nombres como Elliot Erwitt y Robert Doisneau. Y sin embargo el grande “imprinting” al carácter melancólico y surrealista de la metrópoli francesa le fue dado por Brassaï, uno de los padres de la street photography, añadiría… nocturna.

Probablemente su nombre no es tan conocido por el público como lo son los fotógrafos apenas citados. Pero las imágenes que ha dejado de su ciudad, esas sí. Para entender cuanto sus fotografías se hayan vuelto patrimonio (a menudo inconsciente) de las imágenes de París, cito un ejemplo entre muchos: en 1989, la productora suiza de relojes Swatch –en esos tiempos en la cumbre de su éxito- lanza un modelo llamado St. Germain en homenaje a la capital francesa.

En la correa del reloj aparecen claras, aunque ligeramente filtradas, algunas imágenes de Brassaï. Es un ejemplo más bien específico, claramente. Pero nos da la idea de cuánto las imágenes parisinas del fotógrafo húngaro estén en nuestro ADN.

Y sobre todo en el de los que, enamorados de una ciudad, deciden fotografiarla imprimiendo en sus imágenes un amor difícil de explicar con palabras.

“Yo no invento nada, imagino todo. La mayor parte de las veces he dibujado mis imágenes de la vida cotidiana que me rodea. Pienso que sea capturando la realidad del modo más humilde y sincero y de la manera más cotidiana posible, que se logre penetrar en lo extraordinario”- BrassaÏ