David Seymour, el fotógrafo que sabía retratar las almas.

Mi vida siempre ha sido un montón de piezas fragmentadas, estoy intentando darle sentido con todas mis fuerzas”

Así escribe David Seymour en una carta a su hermana Eileen. El año es 1948.

De estas pocas palabras se transparenta el malestar existencial que acompañara a Seymour por toda su vida, escondido detrás de su aparente desenvoltura.

Dawid Szymin, es este su verdadero nombre, nació en Varsovia en 1911. Hijo de un editor de origen judío, comienza a estudiar tipografía en Leipzig y más tarde se inscribe a la Sorbona de París.

En el mismo periodo, empujado por la necesidad de hacer frente a las dificultades económicas causadas por la Gran Depresión encuentra trabajo en la agencia de un amigo de familia.

Toma prestada una cámara fotográfica e inicia a fotografiar: es la primera vez en la cual David toma un instrumento del genero, pero parece que siempre se han conocido. Fotografiar es como respirar para Szymin, es algo natural para él.

Este talento no pasa inobservado y muy pronto sus fotos son publicadas en algunas revistas con el seudónimo de Chim, un diminutivo de su apellido más corto y fácil de pronunciar.

Algún tiempo después se encuentra con Robert Capa, Gerda Taro y Henry Cartier Bresson, y estrecha con ellos una amistad que revolucionará el mundo del foto periodismo en los años siguientes.

david seymour

Magnum Photo, David Seymour. Manifestación del Frente Popular en París.

El oficio de fotógrafo, en esa época, es considerado por la sociedad como una profesión de bajo nivel y de poco valor, concepto que se refleja en los salarios de hambre reservados a los aspirantes a fotógrafos.

No es de extrañar, por lo tanto, si muchos refugiados de origen judío toman en consideración la hipótesis de emprender este camino: no se requieren habilidades o calificaciones especiales y, dado que esta es una profesión poco buscada, hay poca competencia con la cual confrontarse.

Para quien está buscando desesperadamente rehacer su vida en un país extranjero, con la sombra de la discriminación y de las persecuciones que cargan constantemente en los hombros, la fotografía es una buena oportunidad para sobrevivir.

Artistas como Chim y Capa logran, con el tiempo, revocar esta actitud degradante hacia la fotografía y se imponen como profesionistas gracias a su innegable talento, que es inmediatamente reconocido a nivel internacional.

Al inicio de los años Treinta Chim comienza a colaborar con la revista Regards, la misma que publicará las fotos de la Taro en los años inmediatamente precedentes a su muerte, ocurrida en 1937.

David, es un firme defensor de la ideología de izquierda. Siente el deber de contribuir de algún modo a la defensa de la libertad que, en esa misma época, es amenazada por numerosos conflictos en todo el mundo. El deseo de justicia lo empuja a partir hacia el frente en 1936 con una clara misión: documentar los horrores de la guerra civil española, junto a Gerda Taro y Robert Capa.

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David Seymour, Magnum Photos, 1938. Soldados internacionales durante la ceremonia de adiós en Barcelona.

Chim no es un fotógrafo de guerra. No se siente cómodo en la primera linea, al contrario de Capa que construyó toda su carrera en la frase:Si tus fotos no son lo suficientemente buenas, no estabas lo suficientemente cerca”.

Chim prefiere inmortalizar mítines políticos, civiles que huyen o niños que intentan jugar. Busca encontrar y retratar en sus fotos lo que sobra de humanidad, momentos de normalidad que escapan a la guerra.

Al termino de la guerra civil española deja Europa para emigrar a los Estados Unidos. Por miedo a las repercusiones nazis decide cambiar su nombre a David Seymour y es enrolado por el ejercito estadounidense.

Su carrera de fotógrafo sufrió un revés hasta 1945, año en el cual terminó el servicio militar.

David no logra estar alejado de la cámara fotográfica y así, un par de años más tarde, funda la Magnum Photo junto a Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, George Rodger y William Vandivert. Ninguno pudo imaginar en esa época, pero la Magnum se volverá una de las más importantes agencias fotográficas del mundo.

La amistad con Capa y la fundación de la Magnum Photo

David Seymour y Robert Capa tienen mucho en común, pero al mismo tiempo no podrían ser más diferentes.

Comparten el mismo origen judío, la misma ideología de izquierda y la misma necesidad de cambiar sus nombres.

Sin embargo, sus personalidades son polos opuestos: Capa es audaz, impetuoso, y sin miedo en el modo de vivir la vida y de entender la fotografía. Siempre en el centro de la acción, donde todo sucede en una fracción de segundo, no hay tiempo para pensar, sólo para reaccionar.

Chim, al contrario, es una persona discreta, reservada, un hombre culto y dotado de una capacidad introspectiva fuera de lo común. Sus fotografías reflejan tales diferencias: dramáticas y casi teatrales las de Capa, delicadas y llenas de emociones las de Seymour.

seymour e capa

Robert Capa y David Seymour en París en 1952

Ambos están decididos a dejar una huella indeleble en el mundo de la fotografía. Un mediodía cualquiera de mayo de 1947, con un brindis en el restaurante del MoMa de New York, Capa oficializa el nacimiento de la Magnum Photo.

Seymour no está presente en el evento, pero es igualmente considerado como uno de los miembros fundadores de la agencia. El objetivo de la fundación es crear una cooperativa capaz de reunir a los mejores fotógrafos del período bajo la misma etiqueta.

La Magnum Photo quiere ser un club exclusivo reservado a pocos elegidos, hecho de grandes fotos pero también de elegantes trajes de sastre, camisas cosidas a mano como las de Roma y corbatas negras de seda. “No se va a una cita con un editor vestido como un plomero”, afirma categóricamente Chim hablando con un joven fotógrafo.

Desde los inicios la agencia se distingue por su carácter revolucionario, porque se empeña en proteger los derechos de autor de sus miembros. Pretende de los editores el control de la disposición´ de las imágenes y retiene la propiedad de los negativos de sus fotógrafos. De este modo cada foto reportero es libre de escoger para quien trabajar y por cuanto tiempo, una condición rara para la época.

Seymour decide concentrar sus reportajes en Europa, casi como un intento de reconectarse con sus orígenes. En 1948 recibe un importante encargo de la UNICEF: documentar las condiciones en las cuales están 13 millones de niños sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial, en 5 diferentes naciones europeas.

David Seymour y los niños de la guerra

Chim sabe leer en el corazón de las personas. Logra sentir las emociones desbordantes en el alma de sus sujetos y las inmortaliza en la película a su manera: intensa, única, especial.

bambina con bambola, david seymour

Magnum Photos, David Seymour. Retrato de una niña austriaca con su muñeca.

Los niños sobrevivientes a la guerra son huérfanos, no tienen una casa digna de este nombre. Llenan los institutos con sus traumas y sus heridas. Han sido testigos de horrores que ningún niño debería ver jamás. En este sombrío escenario, Chim se encuentra con una joven que lo golpea profundamente. Su nombre es Tereska, tiene alrededor de 7 años y está en una institución para niños traumatizados por la guerra.

Seymour le toma una foto mientras intenta cumplir una tarea asignada por su maestra; una tarea sencilla, sólo debe dibujar lo que una vez fue su casa.

Pero Terezka sólo logra pensar en el fragor de las bombas que explotan destruyendo todo lo que la rodea, en los lamentos de los heridos y en los gritos de quienes en vano buscan ayuda. La única cosa que logra dibujar en ese pizarrón es una serie de garabatos sin sentido, mientras mira al objetivo de Seymour con una expresión que es una mezcla de terror, de perdida y angustia.

terscka draws her home, david seymour

David Seymour. Tereska dibuja su casa.

Ese laberinto de lineas dibujado con un gis en el pizarrón es el mismo que Tereska recorre cada día en su mente. Son muchísimos los niños que, como ella viven las consecuencias de los traumas de la guerra en carne propia. El trabajo de Chim proporciona a UNICEF un cuadro doloroso y devastado de la situación post bélica en Europa y restituye finalmente una voz a todas esas jóvenes víctimas.

David “Chim” Seymour muere en 1956 mientras se encuentra en Egipto con Jean Roy para documentar la Crisis de Suez. El jeep en el cual viajan es atacado por milicias egipcias y Chim pierde la vida bajo una lluvia de disparos de metralleta.

David vivió toda su vida impregnado de un sentido de inquietud. Era un hombre infeliz y solo. No obstante su brillante carrera y los numerosos amigos de los cuales amaba rodearse. Quizá ese malestar lo empujó a ponerse en contacto con la propia alma para afrontar las sombras. Y quizá esa misma atención hacia su mundo interior lo llevó a aprender a leer también la de los otros. Así, al menos lo pensaba Cartier-Bresson.

“Chim usaba su cámara fotográfica como un médico utiliza el estetoscopio, y hacía un diagnostico al corazón de sus sujetos. El suyo era demasiado vulnerable” , afirmó después de su muerte, su amigo de siempre Henri Cartier-Bresson. Así era David Chim Seymour, un fotógrafo con el corazón de cristal.