Fotografía como reproducción

“Si quieres afirmarte en el mundo de la fotografía tienes que esforzarte por ser original!”: cuántas veces te han dado este “fundamental” consejo? Apuesto que cada vez que has tenido la oportunidad de hablar con algún experto.

Ser original es de una facilidad que desarma, no crees?

Sé que muchos piensan que ahora en todos los campos – y con mayor razón en la fotografía – sea difícil hacer realmente cosas nuevas, nunca vistas, hasta el punto de que cualquiera que las mire pueda asombrarse.

Pero en realidad no es así: es bastante difícil, y diría que tal vez imposible, inventar técnicas completamente nuevas, que no sean reelaboraciones y mejoras de lo que ya existe. Pero hacer fotos originales es de una facilidad desarmadora, y te lo demuestro.

Esta fotografía se titula “Blood”, y creo que fotos así, tú has visto pocas, quizá ninguna. Tal vez m

blood

e equivoco, pero lo cierto es que es una foto muy innovadora. Tal vez no te parezca “bella”. Válida estéticamente, y piensas que no comunica nada, pero si hablamos de “cosas nunca vistas” puede representar muy bien la categoría.

Podría mejorar su fruición gracias a un título corto, como: “La foto debe su título al hecho de que representa la sangre que fluye en los dedos de mi mano sostenida frente a la lente, frente al sol. En el espacio entre dos dedos, la fuerte luz que viene del exterior se arrastra, y en mi imaginación reproduce esos momentos en los que colocas tu mano frente a tus ojos para protegerte del sol o de las cosas negativas que suceden en el mundo circundante. Cosas a menudo relacionadas con la sangre, y su derramamiento. Es el gesto de no querer mirar la miseria y la blandura de estos tiempos innobles”.

Connotada de esta manera apuesto a que ya es más intrigante, pero es lo que menos me interesa, al menos en este momento. Más adelante todavía hablaremos del poder que tienen los títulos, lo prometo.

Por otra parte lo absurdo de la búsqueda de la “novedad absoluta” puede ser más fácilmente demostrado gracias a la prosa. He aquí un texto verdaderamente original:

“El fanotipo de una lusciara es aristotípico o, en su mayor parte, gamofenólico, y para esto es spreofonarla o sgubirondarla al máximo grado”.

Está claro? Obvio no, todos son neologismos sin sentido, totalmente incomprensibles, pero nadie podrá negar que las prosas que utilizan estos términos, no se encuentra fácilmente. Así que la originalidad está garantizada, pero, para qué sirve?

La verdadera originalidad, de hecho, al menos en mi opinión, consiste en permanecer, comprensibles, comunicando, aunque de forma innovadora.

Todos los grandes innovadores del mundo del arte se esforzaron por encontrar un camino para comunicar, creando algunas veces un léxico totalmente nuevo, que el espectador debe aprender antes de ser capaz de interpretar correctamente la obra. Un hecho que es frecuentemente criticado, pero ten en cuenta que siempre ha sido así, aunque no era evidente.

De hecho, “saber leer” una obra de arte es una cosa completamente diferente a “obtener placer”, y se necesitan instrumentos culturales también para entender un cuadro (perfectamente figurativo) del “500, así como para muchas fotografías.

Algunos autores, a decir verdad, han alterado conscientemente los mismos términos de la cuestión, y no es casualidad que son considerados “herméticos” e incomprensibles. Digamos que la interpretación es difícilmente “auténtica”, y en este sentido, el usuario queda casi libre para seguir su “camino interpretativo”. Pero personalmente creo que esto es bastante desmoralizador, y no creo que sea bueno para el arte: de hecho, si para ser original es necesario volverse incomprensible, renunciar totalmente a la comunicación y tener que ser “interpretado” en consecuencia, me parece que el esfuerzo no vale la pena.

Sin embargo, no hay duda de que hoy la búsqueda de la “originalidad” –quizá precisamente a causa de la masificación de la imagen fotográfica- se ha vuelto paroxística. Y si no se pueden inventar técnicas realmente nuevas, si no se pueden descubrir modos de expresión que sorprendan al espectador, dejándolo con la boca abierta, que nos queda por hacer?

Bueno, entre las muchas posibilidades, quizás se puede copiar.

La cuestión es interesante, y revela muchas cosas de cómo hoy es concebido el arte en general, porque en el fondo copiar obras de otros es de hecho algo realmente desaconsejable, si no se hace con fines meramente educativos. ( Con este propósito, revisa el artículo Copiar no siempre es malo.)

Y, sin embargo, el artista en general es hoy principalmente el que imprime su voluntad, y yo diría su propia mirada – a las cosas, y esto al menos desde que el mencionado Duchamp tomó un urinario, lo colocó verticalmente y le impuso el título“Fontana” (1917), firmándolo con el seudónimo R. Mutt, inventando así el concepto de Ready Made: “si Mr. Mutt fabricó la fuente con sus propias manos o no, no tiene ninguna importancia. La ha elegido. Tomó un artículo ordinario de la vida, lo elevó en manera que su significado de uso desaparece detrás de un nuevo título y punto de vista, ha creado un nuevo pensamiento para este objeto” como escribió el artista.

Si lo piensas, nosotros fotógrafos somos principalmente fabricantes a tiempo completo de Ready Made, porque descontextualizamos nuestros sujetos y les damos una lectura diferente, colocando un título y, a veces, una leyenda.

Y si el tema de nuestra fotografía fuese otra fotografía? Alguna vez lo has has pensado?

Ciertamente es un caso extremo, pero explica muy bien en que ámbitos se mueve el fotógrafo desde hace tiempo, pero aun más en estos tiempos tan ambiguos.

Uno de los primeros en proponer la cuestión (ganando también bastante dinero) fue Richard Prince (Canal de Panamá, 1949) realizando una foto que reproducía el famoso “Cowboy” del anuncio de Marlboro. La foto (de 1989) due vendida por $269,000 en el 2000, y “ediciones” sucesivas han alcanzado valores muy superiores. (Revisa nuestro artículo sobre las fotos más costosas de la historia).

cowboy

Aún más extremo es el enfoque de lo que se denomina Aproppriation Art, una corriente artística que cita libremente las obras de otros, alcanzando la apropiación real y correcta, de hecho.

Es el gesto del autor que imprime este nuevo sentido, no la búsqueda de un nuevo sujeto.

Si piensa en lo animado que es el debate sobre el copyright de las imágenes y cuán ardiente se vuelve especialmente en Internet, puede comprender el interés de toda la cuestión.

Sherry Levine, que vive en New York, es un claro ejemplo: se vuelve famosa a finales de los años 70s gracias a algunas obras realizadas con la técnica de la “ri,-fotografía” que consiste en reproducir fotográficamente las imágenes de otro, particularmente las de fotógrafos como Edward Weston, Alexander Rodchenko y Walter Evans.

Esta operación, que algunos pueden considerar extremadamente astuta, puede definirse como una meta-fotografía, una fotografía que “habla” de la fotografía. De alguna manera, se trata de “comp stomping”, es decir, la actividad (difundida especialmente en los USA) para rehacer las fotos de fotógrafos famosos, especialmente los paisajes de Ansel Adams, buscando el mismo punto de vista y las mismas condiciones climáticas.

El hecho de que esta última sea principalmente una actividad amateur, también nos muestra la diversidad del enfoque. “Rehacer” la foto de un fotógrafo famoso es como tratar de poner los pies en sus huellas, un acto de amor, pero definitivamente no es muy creativo. Muy diferente es “citar” las obras de alguien: esto ha sido hecho por muchos, con resultados a veces extremadamente interesantes.

La apropiación es en cambio un acto mucho, pero mucho más extremo.

También desde un punto de vista legal, considerando los juicios a los cuales se ha enfrentado el nombrado Prince: juicios en los que ha sido absuelto, porque al artista le es concedido lo que a cualquier mortal le está prohibido, especialmente si cotiza en subastas de medio mundo.

Es mejor que tú te abstengas, si no vendes tus “reproducciones” en un millón de dólares cada una!

Lo bueno es que la “ri-fotografía” puede ser incluso “re-producida”: es lo que hizo Michael Mandiberg en 2001 escaneando las fotografías “ri-fotografiadas” de Levine y exponiéndolas virtualmente en dos páginas AfterWalkerEvans.com y AfterSherrieLevine.com
AfterTambién podría abrir una especie de “competencia” para reproducir una y otra vez las fotografías de los dos sitios, tal vez llegando a una degradación de la calidad (inevitable al volver a fotografiar una reproducción de baja resolución) que podría tomarse como un símbolo de nuestra era digital.

Podrás libremente darte una idea de estas corrientes artísticas y de estos “gestos creativos” sólo navegando en internet: lo que debes evitar es liquidarlos superficialmente. Porque el arte contemporáneo puede gustar o no, puedes odiarlo o no (yo, la mayoría de las veces, lo detesto), pero no puedes negar que te hace cosquillas en la mente, te expone al peligro, te enfrenta a contradicciones. Este es a menudo su propósito principal, si no el único.

Por lo tanto, copiar hoy ya no es un gesto negativo y de evitarse, si se es consciente y se está vinculado a elecciones artísticas precisas. La crítica ha aceptado a través de lo que hasta hace unos años parecía una falta inconfesable y en todo caso imperdonable. No sé si me gusta o no.

Pero estoy seguro, y te aconsejo que profundices en la cuestión, que no existe ámbito en el que un autor con imaginación y creatividad no pueda obtener sus propias manos y obtener algo bueno.

En resumen, copia si quieres, pero en la copia metéte a ti mismo, no dejes que se vea sólo el autor original!