Gianni Berengo Gardin: cuando el arte es clásico

El trabajo de Gianni Berengo Gardin podría recordar, por algunas coincidencias temáticas y estilísticas, al de Cartier-Bresson.

Pero ha sido siempre el mismo fotógrafo italiano a rechazar el parangón con “la vaca sagrada” de la película fotográfica.

Sin embargo, hay algunas similitudes, hay una cierta convergencia, que para ser entendida merece un análisis en profundidad de su trabajo.

Como Bresson, Gianni Berengo Gardin, desde el punto de vista técnico, ha sido fundamentalmente un conservador, un nostálgico.

En su concepción de la fotografía, la fotografía entendida como “objeto físico” casi iguala su contenido, como una herramienta fundamental que no se limita a transmitir el mensaje, sino que se convierte en parte de él.

Y así, desde siempre es un firme partidario de lo analógico, de la técnica clásica, de la espera del “momento decisivo”…

Elementos que se contraponen a la histeria de hacer 10 mil disparos esperando el correcto, tal vez para ser corregido en largas sesiones de post-producción.

Lo clásico de su técnica, al igual que en Bresson, se funde con una mirada sobre el mundo, curiosa, inquisitiva y originalísima.

Y la mezcla de estos dos elementos, lo clásico y la originalidad, han llevado a Berengo Gardin a crear muchas de las que él llama «buenas fotos», una expresión sobre cuyo significado volveremos pronto.

Gianni Berengo Gardin

“Gianni Berengo Gardin”: Plaza de San Marcos. No es difícil encontrar en esta imagen la estilística bressoniana. 

 La vida de Gianni Berengo Gardin

 Nacido en Santa Margherita Ligure en 1930, Gardin lleva una juventud normal.

Fue a los 24 años que decidió dedicarse a la fotografía, su más grande pasión, iniciando a trabajar para periódicos de varios tipos.

El estilo dominante de aquella época era seguramente el francés, más sensible a los movimientos artísticos y humanistas, que el americano, mayormente ligado al mundo del reportaje.

Gardin supo unir lo mejor de ambos: se inspiró principalmente en el segundo, al cual aplicó las técnicas del primero, en una síntesis particular que le valió, dicho por algunos, el título de artista (sin embargo, siempre rechazado por él).

Un recuerdo de la juventud importante para Gardin fue uno ligado a un encuentro con el colega Ugo Mulas, que le mostró algunas de sus fotografías.

Cuando frente a cada una de ellas Berengo Gardin lo felicitó por la belleza de la fotografía, Ugo respondió amenazándolo con «echarlo a patadas».

Luego le explicó la diferencia entre el concepto de «bello», según él bastante común y no particularmente significativo y el de «bueno», en el sentido de eficaz, que funciona, que dice algo.

Esta llave de lectura acompañará al fotógrafo para siempre. .

El éxito viene con la colección «Venecia», publicada en los años 60, que obtiene un gran reconocimiento internacional pero no es apreciada en Italia porque se considera inadecuada, ya que socavó la imagen de «postal» de la ciudad.

Venezia Berengo Gardin

“Gianni Berengo Gardin: Venezia, 1960. Hoy como ayer, la fragilidad y la historia que se respiran entre los callejones y los canales de la ciudad flotante, están en peligro por los inmensos barcos de crucero que regularmente paran en el puerto. En el reportaje sobre Venecia, Gardin subrayará muchas veces este estridente e inquietante contraste entre la ciudad y los gigantes del mar”.

Sin embargo, gracias al éxito en el exterior, Berengo Gardin puede volverse con mayor seguridad hacia una carrera como fotoperiodista, durante la cual viaja por el mundo.

Esto expande su conocimiento en el campo y su influencia en el extranjero: de hecho, él conoce personalmente a Henry Cartier-Bresson, que corresponderá su admiración y, gracias a un tío estadounidense, también se encuentra con Cornell Capa, hermano de Robert Capa, quien presentará su nombre a la Agencia Magnum.

Sin embargo, Berengo Gardin rechaza cualquier colaboración formal con la Agencia, ya que quiere mantener su total independencia de todo y de todos.

“Vaporetto, 1960. Una imagen recogida por casualidad, también el resultado de una cierta fortuna, según el fotógrafo. Uno de los llamados buenos tiros recogidos por Gardin, así como el favorito de Bresson. La composición, con los diversos personajes superpuestos y enmarcados por la forma de las puertas junto con el vívido reflejo del hombre que lee el periódico, le da al conjunto un cierto sabor de surrealismo”

Rápidamente consolidada su fama, continúa con su actividad de reportaje con un notable éxito.

Su trabajo hoy también viene expuesto en las más grandes muestras de Venecia a New York.

Sus libros se cuentan por decenas, pero su estilo único permanece casi invariable.

Veámoslo juntos

El estilo y los temas de Gianni Berengo Gardin

“El fotógrafo mira siempre de una manera diferente que los no-fotógrafos. Porque querría – no digo robar –  apropiarse de la situación”- Gianni Berengo Gardin

 Desde siempre un estoico «conservador», siempre se ha negado a abandonar la película y, junto con ella, una serie de dispositivos técnicos y estilísticos personales.

Antes que nada, como dije en la introducción, es famoso por su rechazo hacia lo digital, que él acusa:

  • De ofrecer fotografías tibias, metálicas y planas.
  • De favorecer una extrema alteración y manipulación de la imagen.

Las posibilidades del digital, según Berengo Gardin, pone “fuera del camino” desde el inicio a muchos principiantes, convirtiendo sus fotografías en bonitas, pero no “buenas”; agradables pero vacías.

Esta es una opinión que no comparto (el futuro nunca ha sido detenido), a diferencia de la estilística vinculada a la preferencia por el blanco y negro.

Con respecto a esta última elección, Gardin cree que los colores son una distracción, que enriquece la imagen pero también puede desviar la atención del punto de interés.

“El color distrae. Un cielo azul brillante compone muchas cosas. El libro que dediqué a Venecia, en el ´62, era en blanco y negro, pero esa Venecia ahora parece irreal. El blanco y negro marca la diferencia con la visión natural y te obliga a mirar mejor.” –Gianni Berengo Gardin

«Escocia, 1977. Una de las imágenes más famosas y, según él, menos particulares, de Gianni Berengo Gardin. Casi parece ver una imagen artificial: el automóvil perfectamente pulido, los neumáticos limpios, las huellas casi invisibles en la playa. Parece que el automóvil se enfrenta a ese panorama tan silencioso casi por arte de magia, como si siempre hubiera estado allí».

Otra nota interesante, estrechamente relacionada con el trabajo de un fotoperiodista, es el rechazo de la ficción teatral, que en cambio distingue a muchos fotógrafos modernos, como David LaChapelle.

De hecho, entre todas sus obras maestras encontraremos muy pocas que hayan sido retocada, o incluso «puesta en escena».

Gardin confía en un ojo capaz y en la genuina autenticidad de la realidad para investigar sus propias causas.

Un aspecto fundamental del trabajo de Gardin, quizás su rasgo más característico, es el compromiso social, enfocado a llamar la atención del público en general sobre las causas de los más débiles.

Durante los años 70, por ejemplo, provocaron indignación sus investigaciones, esta vez, sobre los hospitales psiquiátricos italianos y sobre las condiciones en que vivían los pacientes.

Manicomi Berengo Gardin

“Una foto de la colección «Morire di Classe». Un título claramente irónico para una de las colecciones más crudas y salvajes del fotógrafo. Los hospitales psiquiátricos eran verdaderas cárceles donde «los locos» estaban básicamente destinados a ver terminar sus propios días escondidos del resto del mundo. Berengo Gardin combina en sus fotos la búsqueda de la humanidad en estos «hombres-bestia» con una visión más amplia de la desolación que reina en estas prisiones».

 Otro capítulo esta vez más dulce y juvenil de su trabajo, está reservado al Beso.

Visto por el fotógrafo como el espejo de las culturas en el tiempo, el beso se convierte en su imaginario en un símbolo de libertad, un elemento representativo del cambio social y cultural que atraviesa la Italia de los años ´70.

Esto se debe a que se sorprendió, durante un período en París, de ver a las personas intercambiar efusiones en la calle como si nada pasara, considerando lo mucho que esto estaba prohibido y mal visto en la Italia de aquellos tiempos.

De alguna manera, por lo tanto, incluso si se trata de un tema más ligero, la fotografía de Berengo Gardin se convierte también en este caso testigo y portavoz de cuestiones sociales.

Bacio Gianni B. Gardin

Un beso robado a una pareja de amigos

Su obra, como él nos la cuenta, no es creativa, es más bien material para un libro de historia, testimonio de los tiempos, de las culturas: su legado más importante para aquellos que vendrán después de nosotros.

Una lección de Gianni Berengo Gardin

Podemos concordar o no con algunas de las opiniones de Gianni Berengo Gardin, en particular con las que tienen que ver con el medio fotográfico: el hecho de que hayan funcionado para él no significa que funcionen también a los otros.

Todavía hoy, con casi noventa años, el está siempre a la obra, y ama participar a muestras y presentaciones en las cuales repite una de sus recomendaciones más famosas:

“Hagan fotos buenas, no bonitas!” Es decir, hagan fotos que signifiquen algo.

No es trivial, no será fácil, pero quien quiere de verdad distinguirse de los demás no puede confiar más que a este principio.

Atención por lo tanto a las tentaciones de «falsear», de la imitación y de la belleza que van en detrimento del contenido.

Hemos hablado en esta rúbrica de muchos grandes fotógrafos, y Gianni Berengo Gardin, más allá de sus peculiaridades estilísticas, no es la excepción a la regla: para él como para los otros, el secreto está en saber contar una historia, en el saber traducir en película fotografica la propia pasión y la propia conciencia.