Los besos en la boca de todos

En el artículo de hoy hablaremos de dos de las fotografías más famosas de la historia.

Fotografías que tienen, curiosamente, diferentes cosas en común.

Por ejemplo:

  • Retratan un sujeto un poco «trivial» esto es aparentemente poco importante: el beso
  • Han dado fama enorme a sus autores
  • Esconden uno o más «secretos» que vuelven la historia interesante, y en parte muy distinta a la idea que nos hemos hecho de ellas
  • Son fotos no sólo muy placenteras para ver, sino técnicamente interesantes y bien construidas.

Por estas razones he pedido a Irene, colaboradora de réflex-mania con una especialidad en Cine de la Sorbona, contárnoslas brevemente:

Le dejo la palabra.

El beso en el Hotel de Ville

Hotel de Ville

9 de marzo 1950, un beso inmortal frente al municipio de París, un beso que se vuelve el símbolo de la espontaneidad, de la ternura y del amor.

La foto se convierte en una prueba de que todo esto todavía está presente en un mundo que acaba de salir de una guerra devastadora, un mundo que ha dado lo peor.

La fotografía del titulo «Le Baiser de l´hotel de ville» de Robert Doisenau, refleja en todo y por todo la filosofía del fotógrafo, que escribe: «Lo que yo buscaba probar era un mundo donde me hubiera sentido bien, donde las personas hubieran sido amables, donde habría encontrado la ternura que esperaba recibir. Mis fotos eran como una prueba de que este mundo puede existir».

Como ven, la toma (en blanco y negro) retrata dos jóvenes que se dan un beso en medio de la muchedumbre caótica parisina, frente al municipio de la ciudad, que descocada, no es más que una simple decoración de apoyo. La pareja parece sola en el mundo, a pesar de la multitud, el ajetreo y el bullicio.

El joven se inclina sobre su compañera que se deja ir en un movimiento rotativo en el que ambos cambian de dirección, para girar hacia nosotros.

El autor pone el acento en la intensidad del momento fuertemente cargado de emociones poniendo a la pareja al centro del encuadre. Gracias a la poca profundidad de campo, debida a una luz incierta y al desenfoque de los paseantes y de loa vehículos en movimiento, los dos enamorados son los protagonistas indiscutibles.

El punto de vista adoptado es el de la persona a la izquierda sentada en el dehors de un café. La mirada del fotógrafo convierte en el punto de vista de un cliente que observa la escena.

El doble status del fotógrafo (observador y operador) es la ambigüedad de esta posición son puestos en evidencia por la mirada de la joven mujer que pasa al fondo, y que parece curiosa más por la cámara fotográfica (que obviamente no se ve sino a través de la mirada de ella) que por el beso.

mujer mirando

La mirada de la paseante está decididamente «en la cámara».

Además, su presencia causa una oposición entre el suyo y nuestro punto de vista.

El movimiento de la multitud y los vehículos se suspende, el tiempo se detiene durante la duración del beso.

42 años de silencio

Hasta 1992 se pensaba que la foto fuese un momento espontáneo capturado por el fotógrafo. Pero 42 años después una pareja denunció a Doisenau por haberlos retratado sin su conocimiento. Para defenderse, el fotógrafo fue obligado a admitir que la foto fue estudiada y que los dos sujetos -Francois Delbart y Jacques Cartenaud- repitieron el beso muchas más veces.

A continuación los dos contaron que pasó realmente:

«Nos dijo que éramos fascinantes, y nos pregunto si podíamos volver a hacerlo para la cámara. La cosa no nos preocupaba: solíamos besarnos a menudo, era una cosa deliciosa. Monsieur Doisneau era adorable, muy amigable, muy relajado».

Sin embargo, los espectadores que giran alrededor a los dos personajes principales son personas que no sabían nada del servicio fotográfico. Testigo del hecho es, nuevamente, la joven mujer de la mirada sospechosa al fondo.

Finalmente lo que se había vuelto en tan poco tiempo el ícono del amor parisino no es tan espontáneo como pensábamos…

El beso De Times Square

El beso de Doisneau, inmortalizado pocos años después del fin de la guerra, representa la espontaneidad, la ternura, el amor.»

El beso de Times Square en cambio, fue tomado prácticamente cerca del final de la Segunda Guerra Mundial, y por lo tanto no es accidental que represente la alegría que explota.

La declaración de paz era ya un evento esperado, y es por eso que esta foto se vuelve el icono indiscutible de la alegría de vivir.

Times square

Times Square, New York City, 15 agosto de 1945.

Y este es el momento en el cual el fotógrafo americano, reportero de la revista Life, Alfred Eisenstaedt en el medio de la muchedumbre exuberante de Times Square que celebra el reciente anuncio de la rendición de Japón y por tanto el fin de la guerra, toma una fotografía que será una de sus más celebres obras: dos jóvenes decididos a intercambiar un beso.

Los dos jóvenes son un marinero y una enfermera. El duo encarna la fugacidad y la exuberancia del momento, y al fondo, en el cual se notan los paseantes sonriendo que miran con diversión y estupor la escena, dirigen aun más la atención hacia los jóvenes.

Las personas alrededor de ellos están ligeramente desenfocadas. Estos espectadores están a una cierta distancia de los protagonistas. Comparten la felicidad de la situación. Esto crea un espacio y profundidad sobre la pareja, lo que los hace más centrales. Los protagonistas parecen más altos que las otras personas que los rodean, pero esto no los hace desproporcionados.

Ambos cuerpos están inclinados, uno hacia adelante, el otro hacia atrás. Su posición parece natural y espontánea, y es esto lo que hace esta imagen casi única: el movimiento de la pierna de la enfermera, la mano de él en la cadera de ella, son tan perfectos que hacen pensar, nuevamente, a encontrarnos en un set.

Sin embargo, esta vez, parece que las cosas fueron incluso «demasiado» espontáneas.

Alfred Eisenstaedt lo explica en su libro «Ojos del odio» publicado en 1969:»

«Vi a un marinero que tomaba a cada chica que encontraba y la besaba -fuera joven o vieja. Después noté a esta enfermera, en medio a la multitud. Me concentré en ella y, como esperaba, el marinero se le acercó, se acercó a ella y la besó. Si esta mujer no hubiese sido una enfermera, si el hombre hubiese vestido colores claros, no habría tomado la foto. El contraste entre  en vestido blanco de la enfermera y el uniforme negro del marinero transmite a la foto toda su emoción».

Además del simbolismo y la armonía, lo que hace a esta foto un icono, es también el misterio que la rodea, causa de numerosos debates décadas después. La identidad de los dos protagonistas dio mucho de que hablar y Life lanzó una petición para encontrarlos en una edición de 1980.

Greta Friedman, una asistente dentista, se descubrió sosteniendo ser la mujer de la foto. Contó en una entrevista para la biblioteca del Congreso de 2005, no haber visto al marinero llegar, que la había tomado a la fuerza para besarla, añadiendo que si hubiese tenido tiempo habría opuesto resistencia.

Por lo que respecta al marinero, algunos lo identificaron como Glen McDuffie que habría saltado de alegría por el anuncio de la rendición de Japón y que se habría precipitado entre los brazos abiertos de la enfermera para besarla, o Carl Muscarello presente en Times Square ese día. Pero el que se menciona con mayor frecuencia es George Mendonça (o Mendonsa), que estaba en Times Square con su novia y se emborrachó después del anuncio de la victoria. Borracho entonces, habría sorprendido y besado a varias mujeres para expresar su alegría.

Cualquiera sea la identidad de los protagonistas, hay un dato cierto: esta foto, elegida por años la más romántica, no es un beso de amor entre una pareja, sino un beso de exuberancia entre dos extraños. Siguiendo las declaraciones de Greta Friedman, podría  incluso ser un beso furtivo impuesto por el hombre a la enfermera, un símbolo del dominio masculino sobre las mujeres.

La enésima prueba de lo que he siempre pensado: una buena fotografía se parece a la realidad, pero no es necesariamente la realidad.