La maleta mexicana: un misterioso viaje a lo largo de 68 años.

La maleta mexicana es una máquina del tiempo. Contiene fragmentos de vidas humanas, inmortalizadas por tres grandes fotógrafos durante el conflicto civil español de 1936, pero reencontrados sólo en 1995 a miles de kilómetros de distancia.

No es una maleta como las demás. No es un equipaje lleno de vestidos y zapatos, hecho al último minuto antes de un viaje de placer. La maleta mexicana custodia un tesoro inestimable, hecho de memoria y películas fotográficas.

Su viaje inicia en Europa para terminar en México 68 años después. Es una de esas historias que te hacen entender cuanto puede ser extraña e imprevisible la vida.
maleta mexicana

Hela aquí, la legendaria maleta mexicana, abierta precisamente frente a ti. Hazte contar su historia.

Los origines

Estamos en 1936, y en España está por estallar la guerra civil. Por una parte, un grueso grupo de militares guiados por el caudillo Francisco Franco; de la otra parte, el gobierno republicano recién constituido, que considera prioritaria la lucha contra la ideología fascista que se está difundiendo en la nación.

Las tensiones políticas crecen, los enfrentamientos se intensifican y la violencia crece sin medida. Comienza la persecución comunista de militantes anarquistas y la situación en la República española se ve cada vez más comprometida.

En este clima de destrucción, de odio y de tensión, tres de los fotógrafos más famosos del siglo XX sienten que no pueden seguir observando. Saben que vale la pena arriesgar la propia vida para documentar los horrores de una guerra que está lacerando a un país entero.
Sus nombres son: Robert “Bob” Capa, Gerda Taro y Davis “Chim” Seymour.

Los años de París

“No basta tener talento. También debes ser húngaro”. Así hablaba Robert Capa, nacido Endre Friedmann, ensalzando sus orígenes.

Militante del partido comunista húngaro desde pequeño, permaneció involucrado en algunas protestas contra el gobierno de extrema derecha que estaba en ese momento gobernando el país.

Decidió dejar Budapest para trasladarse a Berlín. Soñaba con volverse un escritor, pero después descubrió en la fotografía un lenguaje más afín a su modo de ser, un modo distinto de hacer escuchar su voz.

robert capa

Un retrato de Robert Capa

También Gerda es un alma rebelde sin pelos en la lengua. Criada en Leipzig, en 1933 se hizo arrestar con la acusación de haber distribuido volantes anti nazis.

Bella, inteligente, desvergonzada: con un carácter fuerte y maneras decididas se volvió el ídolo de las prisioneras con las cuales compartió celda por 17 días. Cuando fue liberada, decidió dejar Alemania para emigrar a Francia.

En 1933 Endre y Greda si encuentran en París. Él está tratando de hacerse un nombre como fotógrafo freelance, con pocos resultados; ella trabaja como modelo, secretaria y niñera para llegar a fin de mes. Ambos frecuentan el ambiente de los cafés parisinos, corazón latente del movimiento artístico, literario y político que en esos años caracterizaba la Ville Lumiére.

robert y gerda

Gerda y Robert en París

Escritores, pintores, visionarios e idealistas llegaban de toda Europa para poder respirar ese aire de cambio mezclado con el olor del humo de miles de cigarros consumidos en torno a la mesa de un bar, discutiendo el destino del mundo.

Era fácil, en aquel periodo, encontrarse con personajes del calibre de Ernest Hemingway, Federico García Lorca, Pablo Picasso y Joan Miró sentados en las mesas de los café parisiens, con intención de intercambiar opiniones o dar vida a algunas de sus obras más famosas.

En aquella atmosfera vivaz y fresca, Endre y Gerda se encuentran en septiembre de 1934 y se enamoran perdidamente, uno del otro, a primera vista. Dos animales rebeldes invadidos por el fuego de la creatividad, hambrientos de justicia y cambio. Inicia así una gran historia de amor en nombre de la libertad de expresión, lo que alterará por completo sus vidas.

La Taro se apasiona del arte de la fotografía gracias a la sugerencia de Friedmann, perfecciona la técnica e inicia a dar sus primeros pasos en el mundo del fotoperiodismo. Endre, en cambio, continúa a tener serias dificultades para afianzarse como profesional.

Improvisamente una idea: por qué no inventarse un personaje sui generis para atraer la atención de potenciales clientes? Alguien con una historia interesante detrás, de aire misterioso y un poco esquivo?

Así, Endre Friedmann se transforma en Robert Capa, un rico y famoso fotógrafo de guerra estadounidense que se encuentra en Europa de paseo.

Esta estratagema funciona a la perfección, tanto que Capa se vuelve uno de los fotógrafos más requeridos y apreciados por los grandes periódicos en muy poco tiempo.

También David Seymour, amigo de Robert desde 1933, es un fotoperiodista de guerra más estimados y reconocidos por las revistas especializadas. Ama definirse un “artesano de la fotografía”, que pretende inmortalizar el corazón de la acción para capturar su autenticidad máxima.

david seymour

David Szymin, Conocido como David Seymour

Las fotos de David exudan mil emociones, el calor de las sonrisas de la gente, sobre todo de los niños. Seymour tiene el don de saber acariciar el alma de las personas que retrata.

Las vidas de Robert, Gerda y David se entrecruzan aquí, en París. En 1936 los fotógrafos deciden  ir al frente para defender sus ideales de libertad y democracia, conscientes del riesgo de no regresar jamás.

La partida para el frente español

En septiembre de 1936 Francisco Franco es proclamado jefe  legítimo del Estado español por la junta militar.

Capa, Taro y Seymour supervisan el frente desde el comienzo del conflicto: con sus cámaras fotográficas Rolleiflex y Leica inmortalizando los enfrentamientos, la multitud, las milicias y las barricadas. A través de sus fotografías narran el teatro de los horrores de una guerra civil que ha desgarrado a un país entero, despedazando más de 500,000 vidas y dejando detrás escombros y destrucción.

Después de sólo un año, un evento trágico trastorna la vida de Capa: Gerda muere en el frente, víctima de un ataque aéreo alemán que destruye el convoy en el cual viajaba.

Robert está completamente destruido, no hay paz porque perdió a la mujer de su vida con solo 26 años. Será Pablo Neruda quien lea el elogio fúnebre en memoria de Gerda entre las lágrimas de los presentes, mientras en el fondo se reproduce una melodía de Chopin.

Las primeras huellas de la maleta mexicana

Después de la muerte de Gerda, Robert y David regresan del frente y permanecen en París hasta 1939. Con el arribo de los alemanes a la ciudad, Capa organiza  muy de prisa su fuga a New York, para evitar la captura por parte de los nazis.

Pero hay una cosa que debe hacer antes de partir, una cosa importantísima: poner a salvo todo el material que documentaba la Guerra Civil española. 126 rollos y 4,500 negativos que pertenecían a Gerda Taro, David Seymour y a él mismo.

Le confía todo a Csiki, su asistente personal en París, y escapa. Su huida no dura mucho: de hecho, es encarcelado por los estadounidenses y acusado de ser un partidario del comunismo.

Todo queda en los hombros de Csiki, que mientras tanto puso el material en una mochila para llevarlo en bicicleta hasta Bordeaux. El objetivo es introducir los negativos en un barco con destino a México.

El muchacho sabe que se arriesga mucho debido a sus orígenes judíos, por lo que confía la mochila a un chileno que  encuentra en el camino. Él le pide que lleve los rollos a su consulado, para mantenerlos a salvo.

El desconocido acepta. Desde este momento y en adelante la historia está envuelta en el misterio. Alguien guarda los negativos en tres cajas de cartón, y luego los coloca cuidadosamente dentro de una maleta raída.

He aquí a la maleta mexicana. Que hace su aparición en esta historia sólo un momento, para luego desvanecerse inmediatamente en la nada, perdida en el tiempo y en el espacio sin dejar rastro. Como si no hubiese nunca existido.

Reaparece la maleta mexicana

 La maleta sigue siendo un fantasma, suspendida entre las creencias y la realidad hasta 1995, cuando se encuentra entre los efectos personales del general Francisco Aguilar González, embajador mexicano en Francia durante el gobierno de Vichy.

 Curiosa historia, la del hallazgo. Parece que en ese momento el general González, amante de las mujeres bonitas, mantenía una relación con la tía de Benjamín Tarver, hoy conocido director mexicano.

A la muerte de la mujer, Benjamín heredó la maleta y su contenido, probablemente entregado a González por el chileno interceptado por Csiki en la calle de Bordeaux. Al principio, Benjamín se negó a entregar los rollos a Cornell Capa, el hermano de Robert, que se había puesto en contacto con él tan pronto se supo del hallazgo.

Le parecía más justo que la maleta se quedase en México, donde en los años 30s más de 200 mil españoles se habían refugiado para huir de la dictadura de Franco.

Y sólo al inicio de 2007 que una directora independiente de la Ciudad de México, Trisha Ziff, logró convencer a Tarver a juntar todo el archivo fotográfico de Capa, Taro y Seymour para revelarlo al mundo. Finalmente la maleta mexicana llega a New York, 68 años después del fin de la Guerra Civil española.

Maltratada, envejecida, sucia y polvorosa. Ha pasado por  mucho más de lo que conocemos. Una pequeña maleta de cartón que ha sobrevivido a un conflicto mundial, a miles de kilómetros, de quien la quería esconder, hasta a la muerte. Esa de tres jóvenes que querían abrirle los ojos al mundo a través de sus fotografías.

La suerte unió a los tres fotógrafos también en sus últimos instantes: todos murieron en batalla, con la cámara fotográfica todavía entre las manos. Robert puso un pie en una mina que lo mató en Vietnam en 1954.

David murió dos años después, acribillado por las balas de una ametralladora mientras documentaba la Crisis de Suez.

Pero antes de morir, David Seymour y Robert Capa tuvieron el tiempo de fundar junto a Henri Cartier-Bresson, la agencia fotográfica Magnum, que en los años venideros se convertirá en una verdadera legenda de la fotografía.

La maleta mexicana entre tanto sobrevive, obstinada y tenaz, a este trágico destino de muerte para dar una voz a las tantas vidas destrozadas por la guerra.

El tesoro más valioso que esta maleta ha custodiado por todos estos años es la memoria. Si un árbol cae en el bosque pero nadie lo ve, es como si no hubiese caído.

Los tres fotógrafos en cambio lograron retratar un país entero durante la guerra civil: los muertos, la destrucción, las raras sonrisas de los niños, las batallas en el frente se habrían quedado sin voz si la maleta se hubiera perdido.

“En las fotos de la maleta encontrada están también personajes conocidos como Dolores Ibarruri, Federico García Lorca, Pablo Picasso, Joan Miró, Ernest Hemingway, Raphael Alberti pero es la gente común, los soldados, las familias una contra  la otra armadas, los fugitivos, los exiliados, la gente en las calles, en las escuelas, en las plazas a volverse el centro de la cuestión” Mercedes Auteri-Art Tribune.

Hoy todo el mundo puede ver con sus propios ojos lo que sucedió en España de 1936 a 1939. La maleta mexicana está llena de rostros, historias, instantes, dolor y sonrisas: un equipaje auténtico e importante para un viaje increíble en el tiempo y la memoria.