Sebastião Salgado: hombres, naturaleza y vida tras la lente de un genio

Es imposible no quedarse encantado frente a las fotografías de Sebastião Salgado.

Sus disparos en blanco y negro tienen un impacto formidable, una majestuosidad incontenible, un mensaje claro y decisivo.

Pero si hoy apreciamos mucho su trabajo no es sólo por la belleza de sus fotografías, sino también por el coraje con el cual sabe contar sus historias.

Historias que, no por casualidad, lo han colocado entre los fotógrafos contemporáneos más grandes y comprometidos.

Pero, ¿quién es este legendario gran fotógrafo? Vamos a descubrirlo juntos.

La vida de Sebastião Salgado

Sebastião Salgado nació en el sur de Brasil, en febrero de 1944.

Pasó su infancia en una granja – comunidad, ubicada en el medio de una porción de los bosques tropicales, donde solía pasar sus largos días jugando en contacto con la naturaleza.

En su juventud militó a lado de los activistas de izquierda donde conoce a Lelia Wanick, querida amiga y luego compañera de viaje y vida.

Sin embargo, paga caro el precio de su pasión política porque el régimen dictatorial brasileño lo obliga a abandonar su tierra, algo que Salgado hará a regañadientes para protegerse a sí mismo y a su familia.

Encontrado, junto con Lelia, refugio en Francia, continuó sus estudios hasta que se graduó en economía y estadística.

Graduación que – dice Salgado – resulta ser de fundamental importancia en la formación de su visión de la realidad.

Pero es solo durante un viaje a África a principios de los años 70 que se da cuenta del alcance que puede tener la fotografía, su eficacia en la documentación de la realidad.

A partir de este momento, decide explotar todo el potencial de la película y viaja por el mundo por todas partes, siempre armado con una cámara.

Como Bresson inicialmente trabaja cin una Leica de 35 mm; luego se mueve con una Pentax y en fin una Canon 1Ds Mark III.

Salgado Sahel

Uno de los primeros fotorreportajes de Salgado (1973) da testimonio de la miseria de la población forzada a habitar en el despiadado desierto del Sahel, entre la sabana del sur y el norte del Sahara.

El poder de las imágenes de Salgado no tardará en ser reconocido y su nombre pronto se convertirá en sinónimo de una nueva técnica de fotorreportaje que no oculta las crudezas del sufrimiento, pero que al mismo tiempo sabe envolverlas con un halo de romanticismo, un vestido impalpable de etéreo, de místico.

Su educación y sus ideologías políticas a menudo orientaron su trabajo hacia las categorías de trabajadores que estaban más explotados y menos protegidos. En la colección “La mano del hombre” tuvo numerosas ocasiones para resaltar las contradicciones de las sociedades estadounidenses y europeas.

La fotografía se convierte en una vocación y decide trabajar junto a varias agencias fotográficas para poder llevar a cabo sus proyectos, interpretados por él como misiones reales de varios años.

Sintiéndose limitado, sin embargo, Salgado decide abandonar incluso la Agencia Magnum y fundará, junto con su esposa en 1944, la Amazonas Images.

Su nueva agencia será la consagración de su sueño como fotógrafo y la promesa de un compromiso permanente y constante a favor de lo que es su “misión de vida”.

Los hombres según Salgado

“Cuando fotografío, respiro el esfuerzo del hombre, sus ritmos, sus angustias. Pero también sus esperanzas” –Sebastião Salgado

La “fotografía militante” de Salgado ofrece una visión general amplia y variada de las condiciones laborales y de supervivencia de los trabajadores, migrantes e indígenas a lo largo de los años.

Salgado se sumergió en las miserias de África, América Latina y Europa y emergió con imágenes lúcidas y surrealistas como un triste espejo de la realidad.

Sus disparos a menudo están tan vivos que no necesitan explicaciones ni palabras.

La mina de oro de Sierra Pelada en Brasil, 1980. Salgado ofrece una imagen que tiene el poder y la desesperación de un Círculo de Dante. 

Pastores del desierto. A pesar de que sus viajes por el continente a menudo estaban dirigidos a las realidades más pobres, esto no le impidió enamorarse de la belleza cruda y rural de África.

El blanco y negro se convirtió en una opción estilística que deja al observador el espacio necesario para expandir su propia imaginación, donde los colores, según el fotógrafo, actúan como una distracción.

Desde 1973 hasta 2000, Salgado continuó su investigación centrada en un sólo tema: el hombre y sus contradicciones que le conducen irreductiblemente a la miseria.

Por esta razón, la pobreza, el hambre, la muerte y la guerra se convirtieron en su pan de cada día.

Pero, ciertamente, las suyas no son imágenes de resignación.

Por el contrario, a menudo se puede observar que, incluso en medio de la miseria, hay una esperanza, un hilo de dignidad que, aunque delgado, se anida en las miradas, las poses y el carácter de sus personajes. Eso está bien separado de la resignación que uno esperaría de encontrar en medio de toda esa desolación.

Por esta razón, en la imaginación del fotógrafo, los seres humanos a veces aparecen como héroes, guerreros, mártires, vagabundos del arte clásico, vivos y determinados incluso frente al sufrimiento.

Una revuelta campesina en Brasil. Un escenario tan distante de nuestra realidad, que aparece en nuestros ojos como si tuviera siglos de antigüedad.

Un minero enfrentandose a un soldado. El hombre, con un cuerpo escultural, no parece tener miedo de que el rifle lo apunte: los abusos y la amenaza de las armas son cosas habituales donde se trabaja en condiciones de esclavitud.

A diferencia de Robert Capa, protagonista y testigo de los grandes eventos mundiales que han pasado por su vida, Salgado a menudo ha preferido dedicar sus energías a causas muy alejadas del centro de atención.

Se podría decir que Salgado siempre se mostró reacio a intervenir cuando se percibía un clima de emergencia debido a la “popularidad” que ciertas tragedias, ciertas injusticias, tenían en el mundo.

Su propósito fue precisamente dar voz a aquellos que aún no lograban hacerse oír, mostrando al mundo no lo que ya se conoce, sino realidades duras e injustas que persisten durante mucho tiempo, en la indiferencia general.

Fiel a sus orígenes, uno de los temas centrales de su lucha es el de las poblaciones tribales de la Amazonia, muchas de las cuales, amenazadas por la deforestación, todavía están en peligro de sufrir lo peor del progreso de nuestra civilización.

“Mujeres de la tribu Zo’é, Amazonia, Brasil.”

Una de sus obras más importantes comienza en 1994 y se llama “Migrations”.

La colección, redactada en 6 largos años de trabajo, lo trae a más de 35 países en busca de testimonios sobre migraciones masivas, sobre las condiciones en las que los refugiados y los rechazados se ven obligados a sobrevivir, y las persecuciones que a menudo los obligan a abandonar sus tierras.

Disparo que retrata los bulldozers ocupados entre cadáveres y escombros. Tomado en Ruanda, durante uno de los mayores genocidios que África haya conocido, 1994.

La realización de Migrations tiene tanto peso en su psique y, en consecuencia, en la salud de Salgado que al final del proyecto, en 2000, decide regresar a Brasil, a su granja natal y dejar a un lado la cámara.

La Naturaleza según Salgado

“Hasta entonces, el único animal que había fotografiado era el hombre: había llegado el momento de inmortalizar a todos los otros animales. Quería fotografiar paisajes pero también el mismo hombre en lo que era en el origen, es decir inmerso en la naturaleza”. – Sebastião Salgado

El vínculo entre Salgado y el bosque en el que jugaba de niño, tiene un profundo efecto en la visión del mundo del fotógrafo.

En particular, no se resigna a la idea de que el progreso no pueda tener lugar en una situación de equilibrio, de respeto mutuo entre el hombre y el bosque.

Cuando regresa a su primer hogar, la lujuriante granja – comunidad en la que vivió cuando era niño – se ha convertido en una tierra abandonada, estéril y horneada por el sol.

Siguiendo el consejo de Lelia, nació la idea de devolver a la tierra lo que le quitaron: Salgado decide replantar cada uno de los árboles talados.

Dentro de 4 años, su tierra vuelve a su esplendor, y el mismo Salgado se regenera por completo.

Nuestra sociedad puede ofrecernos casi todo, pero difícilmente nos puede dar vistas tan increíbles.

Por lo tanto, Salgado decide no fotografiar solo al hombre, sino dedicarse al ser humano “de los orígenes”, el que es capaz de vivir en equilibrio y armonía con el mundo que le rodea.

No solo eso: también decide hacer, de la espectacular belleza de nuestro planeta, su “nueva misión”

Las imágenes pueden despertar las conciencias como una premisa necesaria para el inicio de alguna acción. Una imagen es como una llamada para hacer algo, no solamente para sentirse molestos o enojados. La foto dice: “¡Basta! ¡Intervengan, actúen!”. – Sebastião Salgado

Por esta razón, a partir de 2004, su trabajo se centrará en animales majestuosos y vistas impresionantes.

Del libro “Genesis”, de S. Salagdo. El hielo de la Antártida. En la esquina superior derecha, parece casi de ver una torre medieval que se eleva como guardia del mar.”

pinguini salgado

Una colonia de pingüinos se extiende por millas hasta las laderas de un volcán de hielo.”

Un compromiso que continúa hasta nuestros días, destinado a difundir la conciencia de la belleza indescriptible que ya nos rodea y que las paradojas de la sociedad y de la civilización de nuestro tiempo consuman día a día.

El libro “Genesis”, publicado en 2011, es la síntesis de lo que podría considerarse la primera parte de esta nueva misión.

Incluso hoy, Salgado y su esposa, explotan el poder de la fotografía para luchar al servicio del planeta y de los marginados.

“Este panorama, ubicado entre Canadá y Alaska, es la portada de Genesis, y una de mis fotografías favoritas de Salgado. La increíble composición de las cordilleras parece provenir de la imaginación de un libro de fantasía”

La sal de la tierra: Wim Wenders cuenta Sebastião Salgado

En los años posteriores a la finalización de la Genesis, Salgado fue involucrado por otro gran artista, Wim Wenders, en una película documental sobre su experiencia de cuarenta años como fotógrafo.

Entre las imágenes brutales tomadas de sus famosos reportajes e intervalos de entrevistas en su granja en la selva amazónica, Wenders construye un documental que es una pequeña obra maestra de forma y contenido.

Un documental que reúne al hombre y la naturaleza para hablarnos de la vida a 360 grados.

El resultado final es un retrato del fotógrafo complejo, fascinante e imperdible para cualquier persona que ama su trabajo: “La sal de la Tierra”, este es el título, no por casualidad extraído de una cita bíblica que se refiere al ser humano.

Una lección de Sebastiao Salgado

Salgado comenzó a fotografiar cuando tenía 30 años. Fue algo casual y fueron sus estudios de economía los que lo llevaron a África por primera vez.

Es por eso que él mismo nos quiere dar una lección: “¡estudien!”

Aunque no parece pertinente a primera vista, él reconoce en su formación como economista una de las mayores palancas de su trabajo, capaz de remodelar su visión del mundo, del hombre, de la cultura y de la realidad.

No es solo una lección de fotografía, sino una lección de vida.

Cada saber, cada conocimiento puede ser útil para lograr sus propios objetivos, para enriquecer sus propias pasiones con ese elemento aparentemente superfluo que a veces puede volverse revolucionario y radical.

Nuestros caminos son a menudo imprevisibles y cada cosa que atesoramos y que traemos con nosotros puede abrir nuevas oportunidades frente a nosotros: así como un simple viaje a África cambió para siempre la historia de la fotografía, dándole un nuevo genio.

“Siempre aconsejo a mis alumnos que estudien, que vayan a la Universidad. Hacer bellas fotos no es suficiente. También debemos darles un sentido.” – Sebastião Salgado.