La Textura en Fotografía: Que es y como resaltarla

Textura es una palabra un poco extraña que se utiliza para indicar, en el lenguaje fotográfico el aspecto de la superficie de tu sujeto.

Poco importa que se trate de un objeto, de un animal, de una flor, de una tela.

Todo tiene una textura!

Es decir, todo tiene una superficie que lo caracteriza, y esta puede ser suave, áspera, aterciopelada, ondulada,… y así sucesivamente.

He aquí una foto con el tema “tierra”. La escogí porque la tierra es un buen ejemplo de cómo, en un mismo sujeto, la textura pueda cambiar dependiendo de miles de condiciones internas y externas. En este sentido, por lo tanto, es una característica nos cuenta mucho sobre la historia de nuestro sujeto.            

O piensa en la foto de una puerta con la pintura desconchada: ¿no te vienen ganas de alargar una mano para tomar un pedazo de ella entre los dedos?

Y que dices de la corteza de un árbol?…

Cuando está bien inmortalizada, no parece que “perfora” la fotografía?

Esto es la textura!

La magia de la textura

Acabamos de hablar de imágenes que “perforan”, y no es broma.

De hecho, gracias a la textura puedes obtener dos tipos diferentes de efectos:

  • En uno, el sujeto parece casi salir de la foto para venir hacia ti
  • En el otro, el sujeto parece tan real e interesante que eres tú a tener ganas de entrar en la foto para tocarlo o tomarlo entre los dedos (recuerdas la pintura desconchada?)

Ambos efectos, que en las mejores fotos logran coexistir, dependen de una característica fundamental: la tridimensionalidad.

Textura y tridimensionalidad

La primera función importante de la textura es la de dar tridimensionalidad a tus sujetos.

Como sabes, la fotografía está estrechamente ligada al sentido de la vista; sólo que nosotros vemos en tres dimensiones, mientras la fotografía es un artefacto bidimensional en eterna lucha por encontrar la tercera! (Y también una cuarta y una quinta, al menos si estamos hablando de bellas fotografías)

La textura se vuelve, en esta lucha, un potente aliado, porque añade información al sujeto fotografiado, haciendo por ejemplo intuir de que cosa está hecho, si es áspero o liso, si es duro o suave…

Con ella, por lo tanto, podemos agregar una tercera dimensión a las fotografías, como si pudiésemos tocarlas, y, a través del tacto, pudiésemos sentir la materia de la que están hechas.

La textura como sujeto en sí misma

Considerarla simplemente como una información de más es, efectivamente, limitante.

Puede convertirse ella misma en sujeto único de la foto.

Te doy un ejemplo muy sencillo: piensa en una fotografía de una única piedra.

De una sola piedra ves la forma, y usando luces y sombras puedes hacer intuir a quien observa la materia de la cual está hecha. La piedra es la protagonista, y su superficie se vuelve una especificación, una información de más.

Pero imagina ahora un conjunto de piedras como por ejemplo en la foto de aquí abajo:

En este caso no es más una sola piedra a ser el sujeto de la foto.

Se crea, en cambio, un juego de referencias cruzadas como cajas chinas, en el que la textura es la protagonista: cada piedra tiene la suya, entre otras cosas, muy lisa.

Pero todas las piedras juntas forman parte de una “textura” más grande, en este caso áspera y accidentada!

Ahora, ya en una foto trivial como esta, el contraste entre estos dos tipos diferentes de textura tiene su impacto

Pero qué me dices de esta?

Aquí un ejemplo de cómo un gran fotógrafo, en este caso Bill Brandt, logra hacer magia jugando con la superficie de los objetos. Las piedras y los dedos se confunden entre ellos gracias a forma y textura. 

Reglas (y excepciones) para fotografiar la textura

Como siempre en fotografía, existen algunos principios y reglas generales que te ayudan a obtener los efectos visivos que deseas.

Pero, del mismo modo, recuerda que no es importante seguir las reglas al pie de la letra; más bien, es necesario adquirir el dominio correcto de ellas para luego utilizarlas o distorsionarlas según lo que TÚ quieras hacer.

La textura necesita luz y sombra

En fotografía la luz es todo, lo sabemos.

Pero en este caso especifico, también las sombras se vuelven casi indispensables, porque es su presencia (o ausencia) que más que otra cosa influye en la tridimensionalidad de tu fotografía.

Por ejemplo, para evidenciar una superficie accidentada, la mejor luz es la rasante, inclinada.   Mientras que la luz incidente, por el contrario, hará que cada superficie aparezca más lisa.

Entonces, la luz “disparada” es un error? No necesariamente, porque “aplastar” al sujeto en algunos casos es un efecto deseable desde un punto de vista artístico.

Sin embargo, la mayoría de las veces tendrás que manejar la luz inclinada, y no es nada fácil.

Entonces, te sería más cómodo al inicio, ejercitarte en un ambiente controlado, donde serás capaz de decidir y orientar la luz.

Te recomiendo, para hacerlo, leer el tutorial “como preparar un set fotográfico”

No todos los objetivos son iguales 

Los mejores objetivos para resaltar la tridimensionalidad de una superficie son los macro.

Los motivos principales son dos:

  • La distancia de enfoque puede ser reducida, entonces puedes acercarte más con respecto a un objetivo normal.
  • El objetivo macro reduce mucho las distorsiones ópticas

Si no tienes un objetivo macro, de cualquier modo, puedes usar un objetivo normal.

Ten a mente que del medio-tele hacia arriba, como la profundidad de campo disminuye y se tiende a aplastar gradualmente la perspectiva, se hace más difícil resaltar tramas muy ásperas.

Profundidad de campo e ISO condicionan la textura

Cuando te preparas a tomar fotos de un sujeto para exaltar la texture, no te olvides de estos dos parámetros fundamentales:

  • La profundidad de campo: trata de estar entre f/11 y f/16 de manera tal que puedas aumentar la profundidad de campo y enfocar el sujeto lo más posible.
  • Los ISO: generalmente, busca de tenerlos lo más bajos posible, en modo de lograr a tener más definición y más contraste, es decir imágenes más grabadas!

Además de la regla general sobre los ISO, quiero también darte una indicación un poco diferente, que puedes probar de cuando en cuando.

En algunos casos, puede ser deseable alzar mucho los ISO. De esta manera aumentaras el ruido digital obteniendo el típico efecto de granulado que también se vuelve parte de la textura de tu fotografía.

Llena la imagen con la textura

Como vimos hace poco, la textura puede convertirse en un sujeto de tu fotografía. 

Para hacerlo, lo mejor es llenar con ella todo el fotograma.

Si eliges el sujeto correcto y llenas toda tu fotografía con el sujeto que has elegido, de hecho te parecerá que lo puedes tocar!

Si, por otro lado, un objeto ocupa una porción demasiado pequeña de tu fotograma, difícilmente podrás resaltar su textura.

Así que comienza a entrenarte a partir de cosas bellas, grandes y evidentes.

La arena no es un sujeto muy original, pero es un óptimo ejemplo y entrenamiento. Además, como verás, no es fácil fotografiarla bien, sobre todo si eliges las horas incorrectas del día, aquellas en las que la luz del sol golpea la playa violentamente “aplanando” el aspecto de la superficie. 

 Blanco y Negro y Textura 

Una vez que hayas tomado tus fotografías, trata siempre, en postproducción, convertirlas en blanco y negro.

Porque el contraste y los claroscuros del blanco y negro son capaces de exaltar (pero también de aplanar, si lo deseas) el “movimiento” de una superficie, más que cualquier otra cosa.

Si no fuese en blanco y negro a esta foto le faltaría el contraste necesario para resaltar la superficie de la madera, 

 Ejercicios sobre la textura

Existen dos ejercicios fundamentales que tienes que hacer, y que de alguna manera son diametralmente opuestos:

En el primero

  • Te vas simplemente a dar un paseo sin una meta, con tu cámara en la mano.
  • Miras alrededor buscando sujetos con una textura interesante
  • Cuando encuentres uno, tómale fotos desde varios ángulos, moviéndote con respecto a la luz, y aprendiendo a entender los diferentes efectos que esta tiene con el sujeto.

Con este ejercicio aprenderás a “ver” la textura en tus sujetos aun antes de disparar, y entonces serás capaz, con el tiempo, de reconocerla y de planificar tus fotos.

En el segundo:

  • Escoge voluntaria y deliberadamente un sujeto “portátil”,  liso y relativamente pequeño, como una piedra, un huevo, un florero, una pelota de ping pong.
  • Ahora trata de tomar una foto a este sujeto poniéndolo en contraste con un ambiente rico de “textura” ruvida (podría ser una pared desconchada, o la corteza de un árbol).
  • Aprovecha el contraste entre los dos elementos de tu fotografía para hacer resaltar las características de uno y del otro.

Aquí el propósito es comenzar a entender cómo se puede aprovechar el potencial evocativo de diferentes siperficies (después de haber aprendido a reconocerla) para hacer más eficaces y comunicativas tus fotografías.

Una última palabra sobre la textura

Lograr percibir un objeto no sólo con la mirada, sino también con el tacto, es una capacidad que, como fotógrafo, tienes que aprender a desarrollar.

Hacer Percibir estas mismas sensaciones a quien mira tus fotos es un paso más, que sin embargo viene de una manera muy natural una vez que tu percepción se ha desarrollado bien.

Lo dijimos al inicio: todo tiene una textura. Y si aprendes a desvelarla se te abren posibilidades infinitas.

Y así, quizás, en macrofotografía, podrás hacer percibir la fragilidad y suavidad de los pétalos de una flor, o la rugosidad de un insecto, o la superficie aterciopelada de las hojas…

O, en la food photograpy, serás capaz de exaltar la “suavidad” impalpable de la crema batida.

Y nuevamente, en una foto de wildlife, cristalizará todo el brillo y la rugosidad de un manto de plumas.

En resumen: en todas partes puede encontrar texturas y superficies por descubrir y fotografiar, y la luz adecuada para resaltarlas! Saludos.