Tres modos de ser creativos en fotografía

En su libro de memorias “Vivir para contarla” (se entiende: la vida), García Márquez cuenta cómo llegó a París para estudiar, y como una noche se puso a leer “La Metamorfosis”, una de las obras más notables de Franz Kafka.

Como ustedes saben, la historia comienza así.: una mañana Gregor Samsa, despertando en su lecho por sueños inquietos, se encontró transformado en un gran insecto”. Es uno de los íncipit más notables de la literatura mundial, y marco profundamente al escritor colombiano, el cual desde ese momento se dio cuenta que “entonces se puede!”.

“Se puede, es decir, escribir así, escribir algo así. No se rompe ninguna regla, es decir se rompen muchas pero no se llega a romper el juego de la literatura. Sabemos todos que García Márquez no escribió después la historia de un hombre que se despierta transformado en una larga serpiente, en un pequeño baobab, en una oveja enorme. Lo que imitó de Kafka no eran los temas, los tonos, los elementos materiales que provocan un cierto efecto en el lector: habrá imitado su libertad de inventar, por lo tanto su “creatividad” escribió un comentario sobre este episodio Stefano Bartezzaghi en su libro «El timón de Don Quijote».

Cuántas veces como fotógrafos, nos auto limitamos con el miedo de romper las reglas sea no solo una ofensa al “dios de la fotografía” (si existe), sino también un modo para demoler el castillo de reglas, sino también iconografías consolidadas que, en casi dos siglos de historia, ha hecho de la fotografía una nueva forma de arte.

En cambio se puede! De hecho, añado: se debe!

Violar cada regla, en plena libertad, y sin sentimientos de culpa, si sirve obviamente a suscitar emociones o contar historias que sean meritorias.

En resumen, romper las reglas solo por capricho no está prohibido por la ley, pero ciertamente no es lo que querían decir Márquez y, por consiguiente, Bartezzaghi.

Como he escrito muchas veces, encuentro mucha más afinidad entre la literatura, la palabra escrita, y la fotografía, de la que encuentro entre esta última y la pintura. Verdaderamente con la fotografía se puede hablar, contar, expresar sentimientos de modo afín a cuanto podremos hacer un cuento o una poesía. Es el motivo por el cual uniendo fotografía y palabras se obtiene un efecto multiplicador realmente fuerte.

Por esto, el libro de Bartezzaghi me gustó mucho. El autor examina los mecanismos de los “juegos de palabras”, de los anagramas, de las criptografías para llegar a definir mejor la creatividad: exactamente para demoler el mito de este concepto específico, que usamos con demasiada frecuencia de modo superficial y sin pensar tanto en ello.

La verdad, más que inventar cosas nuevas, nosotros fotógrafos desmontamos lo existente y lo remontamos de manera diferente, cambiando las partes. Somos como niños, que rompen los juguetes para ver cómo están hechos por dentro, y luego los rearmamos de manera equivocada, por tanto creativa.

Lo que hace quien crea anagramas.

Una fotografía “creativa” es de hecho el anagrama de otras fotografías ya existentes: su novedad no consiste en el haber creado algo que antes no existía, sino en haber revelado nuevos modos para decir lo que se debe decir, y mostrar la realidad bajo una luz diferente.

agua

colores

blanco

sombras

chorros agua

Algunos “anagramas” fotográficos obtenidos sin ningún tipo de postproducción; mientras algunos son bastante evidentes, en al menos un par de ellos no es nada fácil descubrir la imagen que ha dado origen a la foto. Intenta realizar alguno también tú, es un excelente ejercicio de creatividad.

Digamos que necesitamos tomar una foto de una cucharita y quererlo hacer de una manera verdaderamente original. Podemos explotar todas las alternativas técnicas posibles: elegimos ópticas de gran angular, o tele, o macro, recurrimos al blanco y negro, a colores alterados, a los juegos de luces y sombras, etc. Todo lo que ya se ha visto, pero siempre podemos identificar una forma para unir estos elementos en una mezcla que nos lleve al resultado deseado.

«La criptografía mnemotécnica más famosa de todas». Escribe Bartezzaghi, “es la que define a la “cucharita” como “Medio minuto de reflexión”, siendo un pequeño (minuto) instrumento (medio) para reflexionar. Este es el ejemplo canónico de la criptografía mnemotécnica, en el cual los dobles sentidos se atrapan uno en el otro mostrando, a quien lo sabe ver, las dos caras de la misma expresión lingüística”.

No te parece que se puede aplicar la misma lógica en la fotografía?

Piensa –solo como un ejemplo- en la fotografía de personas vestidas de negro, de rostros tristes, reunidas en silencio, cada una sosteniendo una cucharita. Extraño? Quizás, pero si está bien orquestada e ideada, podría salir realmente algo interesante. Es básicamente una cuestión de aplicar ese pensamiento lateral que, para un fotógrafo, debería convertirse en una especie de segunda naturaleza, en la búsqueda perenne de herramientas para mostrar «qué más es» cualquier sujeto.

Mi opinión, estrictamente personal, es que al final las soluciones innovadoras, las ideas capaces de emocionar y abrir la mente, están ya en el aire, circulan como las hojas arrastradas por el viento, que sólo deben ser notadas, comprendidas, capturadas.

Hoy que el viento es más fuerte y las hojas son más numerosas –gracias a Internet- esta capacidad receptiva del fotógrafo, y del creativo en general, debería ser desarrollada al máximo.

Una vez, para inspirarte, para encontrar nuevas ideas, podías sólo leer muchos libros, muchas revistas, visitar las más exposiciones posibles (todas actividades aún  recomendables hoy); Pero ahora con una hora de navegación online puede llegar a tener ideas incluso en exceso.

No por casualidad recomiendo apuntarlas todas y quizá retomarlas poco tiempo después: nunca se sabe.

Digámoslo así: tus fotografías ya existen, ni más ni menos como la estatua de Miguel Ángel ya existía en el bloque de mármol. Depende de ti capturarlas.

He notado que con frecuencia los fotógrafos ya tienen todo lo que sirve para realizar una gran foto o un gran proyecto fotográfico (emociones, ideas, técnica, equipo…) sin embargo, no pueden poner todo en ese rectángulo (o cuadrado) mágico. Se acercan al milagro, lo tocan, pero se le escapa.

Generalmente, se apoyan entonces en el aspecto meramente técnico. Piensan: si no logro hacerlo, es porque no soy lo bastante bueno usando la cámara. Sin embargo, yo sostengo, que no están lo bastante en sintonía con sus ideas, no están escuchando, y concentrarse todavía más en el aspecto técnico no hará otra cosa que complicar su vida, alejándolos de la meta.

Por eso te invito a no ser creativo sino a ser receptivo, a volverte una parábola satelital para las ideas. Cuando las hayas capturado y analizado, y hayas comprendido que quieres hacer realmente, entonces seguramente tu creatividad te resultará útil, visto que la creatividad es una consecuencia, no una precondición.

Según el mismo Bartezzaghi existen tres diversos tipos de creatividad:

  • La que experimenta soluciones nuevas (creatividad que respeta las reglas)
  • La que experimenta métodos nuevos (creatividad que modifica las reglas)
  • Y finalmente aquella con la cual nos divertimos complicándonos la vida (creatividad que añade reglas).

No existe una clasificación entre las tres, pero está claro que solo la última realmente logra hacernos emerger de la multitud: también es la más difícil.

El fotógrafo que aplica servilmente las reglas, puede expresar su creatividad en la elección de los sujetos, en la elección de una técnica específica y, quizás con mayores posibilidades de éxito, en la elección de un tema para desarrollar que sea verdaderamente innovador. Aunque está «narrado» con fotografías clásicas, un tema bien elegido te permite crear un cuerpo de imágenes que atrae la atención de una manera poderosa.

En fin está el fotógrafo que crea exnovo las reglas, que con la base de sus propias necesidades decide definir nuevos cánones, que antes no existían, y ciertamente esto le complicará la existencia, sino es que más porque las personas tenderán a rechazar sus propuestas. Se trata de un precio que puede ser pagado incluso con ligereza, si estás realmente convencido de tus propias razones.

Si buscas el éxito y la aprobación de los demás, sin embargo, es seguramente el camino equivocado.